El Jardín del Parterre, de diseño francés, data de la época de Felipe V (principios del siglo XVIII). Su traza, dominada por la geometría y la uniformidad, se encomienda a Marchand. Se mezcla la tradición francesa con la idea heredada del manierismo de jardín cerrado. Se consigue con la disposición de un canal o ha-ha que lo delimita. El jardín se imbrica perfectamente en la concepción del espacio de Aranjuez, como zona de transición entre el palacio y la ciudad, a la que se abre mediante puertas, en correspondencia con las calles del tridente este. Al juego entre el espacio ordenado y la naturaleza corresponde la delimitación sur del jardín con el río Tajo, y la norte, con la plaza de San Antonio, a la que cierra conformando una cortina vegetal.
El Jardín del Rey se forma en el siglo XVI, bajo el reinado de Felipe II. Su carácter de giardino segreto, aporta una nueva tipología de raigambre italiana al catálogo de los jardines de Aranjuez. Integrado en el palacio, queda oculto a la vista tras la gran pantalla de la fachada. Además la galería meridional del palacio y la paralela que conecta con la Casa de de Oficios son sus límites norte y sur. Al este un muro terminaba de acotar el espacio, que así quedaba reservado para disfrute exclusivo del rey, garantizando la inaccesibilidad característica de estos jardines secretos. Espacio acotado que de alguna manera retoma, por oposición al jardín abierto, el concepto medieval del hortus conclusus, o el papel de tapia en el jardín del Islam.
Por otra parte, la proporción somete al jardín a la arquitectura que lo rodea. En este ámbito más privado es donde la arquitectura determina con mayor intensidad a la naturaleza, retomándose los principios renacentistas de proporción, simetría y geometría. La escala es muy reducida acorde con el carácter exclusivo y reservado del espacio y con la superficie delimitada por la arquitectura. Ello propicia tensiones de carácter manierista, como la que se produce entre la elevada altura de la cúpula de la capilla y las dimensiones reducidas del jardín. En ese mismo sentido de mirada al clasicismo ha de entenderse el juego escultórico y de hornacinas que complementan el conjunto, a modo de galería.
El estanque es ovalado y posee tres grupos escultóricos. En el centro la diosaCeresjunto a dos niños jugando, uno con espigas de trigo y el otro, abrazado al cuerno de la abundancia mientras la diosa sujeta en una mano la antorcha de la creación y en la otra, la adormidera. Las otras dos esculturas son unos jarrones, con flores también esculpidas, rodeados por niños que se sitúan a los extremos del estaque y que simbolizan las cuatro estaciones.
En los dos pequeños estanques más cercanos al palacio podemos encontrar las esculturas labradas en plomo atribuidas a Hubert Dumandre según diseño deJacques Bousseua. Fueron traídas de la Granja en 1744. El sentido de tales figuras en el Parterre podría derivar de la primitiva decoración que consistía en la representación del elemento acuático de la Naturaleza.
En esta relación medieval ha de situarse su traza interna, organizada en cruceros, forma que, tanto en el jardín occidental como en el musulmán, simboliza los cuatro ríos del paraíso. Originariamente tuvo naranjos, nombre con el que era conocido en el siglo XVI, remitiendo a la tradición hispanomusulmana, que incorpora ese frutal en los patios ajardinados.
Sobre su pilar central se encuentra la figura deHércules, agarrando con sus fuertes brazos y levantando del suelo aAnteo. Esta escena representa el momento en queHércules, después de derribar varias veces aAnteo, descubre que es la tierra, madre de este último,Gea, quien le proporciona fuerzas al gigante y lo levanta asfixiándolo hasta que muere.
Emplazada en el centro del Parterre en honor aCeres, diosa de la agricultura, las cosechas y la fecundidad. La estatua fue ejecutada por don Joaquín Dumandre y se instaló inicialmente en el Jardín del Príncipe hacia 1791. Según Simón Viñas fue trasladada al Parterre en 1889.
En la base del pilar, en un nicho se representa aHérculesniño luchando contra una serpiente, así como a una pitón vencida. También figuran diversos trofeos de caza referentes a la historia de este héroe mitológico como muestra de su poder.
En el siglo XIX, se incorpora la fuente de Hércules y Anteo, de Isidro González Velázquez, y elementos del jardín romántico, como los juegos de curvas en los parterres, que generan paseos sinuosos e isletas de vegetación.
Características:
Acceso para sillas de ruedas Adecuado para niñosServicios:
JardínHorario de apertura:
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